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Firmado: un oficialista

Los oficialistas de Xabi Alonso me llaman a mí oficialista de Florentino Pérez. O sea, los oficialistas de un entrenador que ha dejado hecho unos zorros al equipo me llaman a mí oficialista del hombre que, nada más llegar al puesto, tuvo que avalar personalmente 170 millones de euros para evitar que el club se fuera directamente a la quiebra. A ver si lo entiendo: ¿los oficialistas del jugador que amplió su contrato con el Real Madrid hasta 2016 y, de repente, sin previo aviso y con dos años más de contrato, se fue al Bayern de Múnich con Guardiola me decís a mí que soy oficialista del presidente que ha ganado más de 60 títulos entre fútbol y baloncesto, ha levantado una ciudad deportiva que vienen a estudiar desde el extranjero y ha construído un nuevo estadio que es el ejemplo y la admiración de todo el mundo? ¿Es eso? ¿Lo he entendido bien?

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¡Menudo pastel nos dejas, Xabi!

Lo que tocó fondo en el Carlos Belmonte no fue otra cosa que el triste proyecto del año más triste Xabi Alonso. Lo que el Real Madrid mostró en Albacete fue lo mismo que se ha visto desde el principio de temporada: un equipo desordenado, que ataca mal y defiende peor aún, muy flojito atrás, mal preparado físicamente, cometiendo errores de principiante que siguen sin corregirse y un grupo de futbolistas de élite desmotivados y que no creen en ellos mismos y se piensan que son los peores del mundo cuando no lo son. Si anoche, ante un equipo que lucha por no descender a Primera Federación, los jugadores hubieran volado como auténticos aviones y presionado como leones, yo habría dudado sobre si esa teoría de que a Xabi querían hacerle la cama podría ser cierta, pero el caso es que se siguieron cometiendo exactamente los mismos fallos porque, y aunque sea muy populista atacar a la plantilla y preparar el aquelarre del sábado, que ya está montado, el problema nunca ha sido de actitud. A lo mejor en algunos casos sí de aptitud, puede que se haya creído que algunos futbolistas darían más de sí, pero nunca se trató de la actitud. El problema es que este equipo está mal entrenado, deficientemente preparado, hecho unos zorros físicamente y la autoestima ha desaparecido.

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Para las viudas de Xabi

No sé dónde leía hoy que Xabi Alonso había sido el centésimo vigésimo tercer entrenador destituido a lo largo de esta temporada. O sea, el número 123. Es de Perogrullo que si Alonso es el número 123 es por la sencilla razón de que, antes de que Florentino Pérez decidiera destituirlo ayer, otros ciento veintidós entrenadores se han ido a la calle hasta la fecha, y lo que te rondaré morena. Ciento veintidós entrenadores con sus ciento veintidós ideas y con sus ciento veintidós cuerpos técnicos. Ciento veintidós entrenadores que trataron de convencer a sus ciento veintidós vestuarios pero que, al final, no lo consiguieron. Ciento veintidós directivas o consejos de administración que decidieron que lo mejor para todos era cambiar. ¿O es que Enzo Maresca no meaba con la suya, como diría Guardiola? ¿Y Rubén Amorim? ¿No dejaron trabajar a Amorim en el Manchester United? Y aquí, en España, ¿le impusieron alineaciones a Veljko Paunovic? ¿Y luego a Luis Carrión? ¿Y ahora a Guillermo Almada? ¿Y qué decir de Julián Calero, ex del Levante? ¿Acaso es mal entrenador de fútbol Calero? Qué va, yo creo que es buenísimo. La Real Sociedad prescindió de Sergio Francisco en diciembre y el último en ser despedido en Segunda ha sido Jesús Galván: con el del Mirandés han sido doce los técnicos que han dejado el banquillo en esa categoría. ¿No le dejaron a Galván ser Galván? ¿Qué fuerzas misteriosas impidieron a Nuno Espírito Santo triunfar en el Nottingham Forest? ¿Y a Graham Potter en el West Ham? ¿Por qué el Leverkusen tuvo paciencia con Alonso pero no la ha tenido con Erik ten Hag? ¿Le han hecho la cama a Simones en el Wolfsburgo? ¿Es Wagner víctima de una mala planificación en el Augsburgo? ¿No le caía bien Bo Henriksen a quien le contrató para el Mainz? ¿Por qué la directiva de la Juve prefirió prescindir de Igor Tudor antes de hacerlo de cinco o seis futbolistas? A Viera lo echaron del Genoa, a Piole de la Fiorentina, a Juric de la Atalanta, a Hütter del Mónaco, a Castro del Nantes, a Haise del Niza, a Rosenior del Estrasburgo, a Mourinho del Fenerbahçe, a Solskjaer del Besiktas… ¿No meaba con la suya Mourinho? A Platt lo echaron del Castellón, a Llona de la Cultural y Deportiva Leonesa, a Gabi del Zaragoza, a Guilló del Huesca, a Pellicer del Málaga, a Ibai Gómez del Andorra. Todos, desde el primero hasta el último, querían ganar. Todos tienen personalidad y conocimiento. A todos los echaron porque hubo alguien que vio que las cosas no iban bien y quiso dar un giro de timón. ¿Sabéis la única diferencia que hay entre Chelsea, United, Levante, Oviedo, Real Sociedad, Nottingham Forest, West Ham, Wolfsburgo, Mainz o Juventus de Turín y el Real Madrid? Os lo digo yo: el Real Madrid tiene más Copas de Europa que todos ellos juntos. Y si las tiene, ¿sabéis por qué es? También os lo digo yo. Por su nivel de exigencia. Xabi Alonso no ha sido el primer entrenador destituido de la temporada, ni el décimo, ni el quincuagésimo noveno; Alonso ha sido el centésimo vigésimo tercer entrenador en ser destituido. Y después de él llegará el 124. Y luego el 125. Y luego el 126.

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Xabi nunca se lo creyó

No hay derrotas dulces, en el Real Madrid no. Lo digo porque desde ayer por la noche vengo escuchando la milongaza de que el madridismo daba por bueno el 3-2 ante el Barça porque se temía lo peor. ¿Quién es el madridismo? Porque somos muchos millones distribuidos por el mundo, ¿eh? No hay derrotas que consoliden un proyecto, al menos no en el Real Madrid. En el Real Madrid los proyectos se consolidan con Ligas y con Copas de Europa. No hay partidos para salir del paso. En el Real Madrid todos los partidos son importantes, y lo son también todos los títulos. En el Real Madrid no hay títulos pequeños y títulos grandes. Yo, que soy insignificante y que, por supuesto, no represento en absoluto al Real Madrid, puedo pensar que la Supercopa de España es una filfa, e incluso lo puedo decir. Pero un entrenador del Real Madrid al que el Barça (no otro equipo, no, el Fútbol Club Barcelona) acaba de ganarle una final no puede salir de ninguno de los modos a decir que al fin y al cabo la Supercopa es el título menos importante de los que tienen que jugar esta temporada. A mí sí me alarman algunas llamadas de atención como, por ejemplo, ese 23% de aficionados madridistas que ayer, y según una encuesta del Chiringuito, se fueron satisfechos a la cama. Pero si alguien dice que en el club hay conformismo o relajación se equivoca de medio a medio, y hoy ha tenido la respuesta en la decisión de Florentino Pérez de destituir a Xabi Alonso como primer entrenador.

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Atleti o Real deberían retirarse del campo el domingo

Xabi Alonso dijo hace algunos días que fuera de España, sobre todo en Europa, alucinaban con la absoluta inacción de nuestras autoridades con el Caso Negreira. Como para no flipar. Hubo una primera reacción de aturdimiento culé pero a la inicial sorpresa, y tras tentarse la ropa, los líderes de opinión blaugrana y, por supuesto, los responsables del pago, o sea los directivos, se dieron cuenta que sorprendentemente seguían vivos, se rearmaron e idearon una táctica defensiva muy pueril pero que en un país como el nuestro, que está muerto cerebralmente, puede dar buenos resultados. Y si les dejamos que sigan por ahí, y a mí no me miréis porque yo no les voy a dejar, acabaremos repitiendo que el club que pagó fue, en realidad, el único honrado y el único que hizo las cosas bien, y los demás deberían ser castigados por no tener a sueldo a un árbitro.

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El Yo acuso de Florentino Pérez

El 13 de enero de 1898, en el número 87 del periódico "L'Aurore", apareció el artículo "J'accuse…!", "¡Yo acuso…!", de Émile Zola. Ese artículo se pone hoy en la Facultad como ejemplo de periodismo crítico, y si no se pone debería ponerse, puesto que su autor se dirigía ni más ni menos que al presidente de la República Francesa, Félix Faure, al objeto de denunciar un montaje político contra Alfred Dreyfus, oficial del Estado Mayor, acusado injustamente de haber entregado documentos a Alemania y condenado a cumplir cadena perpetua en la isla del Diablo, en la Guayana francesa. Zola formulaba acusaciones durísimas hasta contra diez actores del caso, incluyendo entre ellos al ministro de la Guerra y al jefe del Estado Mayor del Ejército.

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Xabi: se acabó la paciencia

Desde 1952 no había un presidente de los Estados Unidos con un índice de popularidad tan bajo como el de Donald Trump ahora. Aquel año, y tras una encuesta realizada por Gallup entre el 9 y el 14 de febrero, Harry Truman recibió la aprobación del 22% de los encuestados, o sea que más bajo era difícil caer. La verdad es que a Truman se le juntó todo al final de su presidencia: la guerra de Corea, con decenas de miles de muertes, se le estancó; la destitución del general MacArthur, un héroe nacional, fue muy controvertida; tampoco es que ayudaran la alta inflación y las huelgas industriales y, para acabar de estropearlo todo, le estallaron escándalos de corrupción y aquello acabó por dividir al Partido Demócrata. El desgaste era lógico, de ahí que Truman estuviera en ese lánguido y gris 22% de aceptación popular. Lo extraño habría sido que, con el pastel que tenía montado, Truman hubiera sido percibido por los votantes estadounidenses como un líder sólido y bien preparado.

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¿Y no será que el Madrid le viene grande a Xabi Alonso?

Cuando Phil Connors se da cuenta de que está irremisiblemente atrapado en el mismo día y que, haga lo que haga, sus mañanas arrancarán a las 6 de la mañana escuchando "I Got You Babe" de Sonny & Cher, entonces se dedica a experimentar con todo: se hincha a comer pasteles porque sabe que no corre peligro de engordar, roba dinero y, eso sí, trata de seducir una y otra vez a Rita al mismo tiempo que prueba infructuosamente múltiples métodos de suicidio. Pero después de un montón de años en el bucle temporal (en su día hicieron un cálculo y salían aproximadamente 33) y en vista de que no enternece a su amada ni puede quitarse la vida, de repente Connors empieza a aprender de su extraña situación. No se puede decir que no le cueste, porque le cuesta, pero, en vista de que parece que va a pasar ahí el resto de su vida, el malhumorado y maleducado hombre del tiempo de la televisión local empieza a aprovecharlo: aprende a tocar el piano, diseña espectaculares estructuras de hielo, habla francés y ayuda a la gente a la que antes despreciaba. Y, por supuesto, de tanto conocerla, enamora a Rita. ¿Qué le sobraba a Connors? Tiempo. Tenía todo el tiempo del mundo.

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A por todas con Negreira

Sé que el caso Negreira puede resultar aburrido para unos, divertido para otros, irrelevante según quién sea o trascendental para la otra parte, pero para mí es un asunto central, "troncal" que diría un moderno, un asunto sin el que no se puede tratar de explicar qué es lo que ha pasado en el fútbol español a lo largo de estos últimos años. Lo que me pareciera o dejara de parecer a mí sería poco relevante si no fuera porque al Real Madrid también le parece que mientras tengamos ese pedazo de elefante en la habitación nada podrá volver a la normalidad. Porque es muy sencillo de comprender que si las Ligas españolas se las suelen jugar entre el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona, con alguna inclusión del Atlético de Madrid, el principal perjudicado del pago por parte del Barça al vicepresidente arbitral en activo sea el club blanco. A mí me parece de cajón.

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Xabi sólo tiene un problema: su Real Madrid no juega un pimiento

Xabi Alonso fue presentado como nuevo entrenador del Real Madrid el lunes 26 de mayo de este mismo año y debutó tres semanas más tarde, el 19 de junio, en el Mundial de Clubes con un empate a uno ante el Al Hilal. En realidad Xabi tenía poco que perder en aquel Mundial porque el Real Madrid venía de una temporada muy gris con Ancelotti y cualquier gesto, la menor novedad, cualquier variante iba a ser positivamente valorada, como así resultó ser. Tampoco se le iba a criticar demasiado porque, claro, ¡qué podía hacer Alonso con tan pocos entrenamientos! Y, además, Ancelotti había sido tan blando con los jugadores que ahora lo mínimo era darle un tiempo de cortesía al nuevo entrenador para que pudiera enderezarlos. Y así fue: el 9 de julio, cuarenta y cinco días después de su presentación y veintiún días después de su debut, el PSG goleó al Real Madrid por 4-0 en las semifinales del Mundial. En cualquier otro caso, en otras circunstancias distintas y con otro entrenador diferente, un 4-0 habría supuesto un rapapolvo importante, pero no fue así con Xabi, con él no. Estaba tratando de implantar un sistema nuevo y había que ser paciente. Y, además, no tenía a todos los jugadores a su disposición.

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