
Oleg
Romantsev es un entrenador ruso de la vieja escuela. Luchador y
amante de la disciplina, que se preocupa poco por la percepción
del público, es una figura inconfundible en su país, y siempre quiere
tener toda la autoridad, lo que ha provocado algunos enfrentamientos
con los medios de comunicación y sus jugadores.
Sin embargo, este ex internacional (doce actuaciones con la selección), que fue condecorado con la medalla por los servicios prestados a la nación en 1995, ha traído la pasión y la dedicación al otrora gran equipo ruso, que no ha conseguido destacar en el fútbol internacional desde la caída de la Unión Soviética.
Sus logros como entrenador son incuestionables. Primero se hizo un nombre al llevar al Spartak de Moscú a la consecución del título de liga en 1989, en su primer año en el puesto. Entre 1992 y 1994, el club consiguió tres campeonatos consecutivos bajo su batuta. En 1994, también fue nombrado presidente del club, pero poco después dejó de entrenar al Spartak para hacerse cargo de la selección rusa.
Fue destituido tras una decepcionante Eurocopa 1996, en la que el equipo sólo sumó un punto en un grupo muy complicado, con Alemania, Italia y la República Checa. Entonces regresó al banquillo del Spartak, con el que ganó cinco ligas consecutivas.
En 1998, se le ofreció de nuevo el cargo de técnico de la selección, pero esta vez puso como condición para aceptarlo que se le permitiese seguir siendo entrenador y presidente del Spartak. Aunque no pudo clasificarse para la Eurocopa 2000, a pesar de sumar 19 puntos en diez partidos en un grupo muy difícil, en la fase de clasificación para la Copa Mundial de Corea-Japón las cosas marcharon mucho mejor: siete victorias y sólo una derrota en diez encuentros, en un grupo en el que también estaban Eslovenia, Yugoslavia y Suiza